Nuestros Clientes ya utilizan la Inteligencia Artificial, ¿y Ahora Qué?
– CHATGPT ME DIJO QUE LO HAGA DE ESTA MANERA Y LE CONFIÉ.
– LA IA ME INDICO QUE ME CONVIENE ARMAR UNA SOCIEDAD NO FUNDACION COMO ME HABÍAS INDICADO.
-ARMÉ ESTE ESQUEMA CON GEMINI, LO QUIERO APLICAR.
¿Te suenan estas frases?
Hasta hace poco tiempo, el cliente llegaba al Estudio con una consulta y esperaba que el Profesional le brindara una respuesta.
Hoy esa dinámica cambió: cada vez más personas consultan primero a una herramienta de inteligencia artificial y llegan a nosotros con información, interpretaciones e incluso posibles soluciones ya armadas.
Y esto nos obliga a hacernos una pregunta más interesante que discutir si la IA va a reemplazarnos: si nuestros clientes también tienen acceso a la información, ¿cuál es ahora nuestro verdadero valor profesional?
Durante muchos años, buena parte de nuestro diferencial estuvo vinculada al conocimiento técnico y al acceso a la información: sabíamos dónde buscar una norma, cómo interpretarla y cómo transformarla en una respuesta.
Hoy una herramienta puede encontrar esa información, resumirla, compararla y presentarla en segundos, incluso puede elaborar un plan de planificación fiscal aparentemente perfecto.
Pero hay algo que no puede hacer: conocer verdaderamente la historia de nuestro cliente.
Detrás de cada consulta hay una persona o una empresa con antecedentes, decisiones anteriores, una estructura patrimonial determinada, necesidades financieras y riesgos particulares, una estrategia puede ser técnicamente posible y, sin embargo, no ser conveniente para ese cliente entonces es ahí donde el criterio profesional adquiere todavía más valor.
En nuestra diaria: un cliente llega con un esquema de reorganización societaria armado con IA para optimizar el pago de Impuesto a las Ganancias, sobre el papel, el número cierra pero lo que la herramienta no sabe —porque nadie se lo contó— es que esa empresa está por incorporar un socio nuevo el año próximo, o que ese esquema puede complicar una sucesión familiar mal resuelta.
La IA optimizó una variable; nosotros vemos las diez que faltaban.
Negarnos a usar estas herramientas sería desconocer una transformación que ya está ocurriendo, pero incorporar IA tampoco significa aceptar automáticamente cada respuesta que genera.
Quienes trabajamos en Ciencias Económicas sabemos que no toda estrategia que reduce impuestos constituye una buena planificación: una alternativa necesita sustento normativo, razonabilidad económica y capacidad de sostenerse frente a una eventual fiscalización hasta si un Juez pide pruebas, sabemos dónde buscarlas.
Somos nosotros quienes debemos analizar si ese resultado “aparentemente perfecto” tiene sentido para la realidad concreta del cliente.
Nuestro trabajo no consiste solamente en tener respuestas, consiste en saber hacer las preguntas correctas: ¿qué información falta?, ¿qué riesgo estamos asumiendo?, ¿la fuente sigue vigente?, ¿esta alternativa tiene sustancia económica?, ¿qué puede generar mañana una decisión que hoy parece conveniente?
Existe además un aspecto que no podemos ignorar: la responsabilidad:
Trabajamos con información tributaria, patrimonial, económica y financiera que nuestros clientes nos confían, y usar IA implica preguntarnos qué datos compartimos y hasta dónde podemos delegar determinadas tareas.
Porque una herramienta puede generar un informe impecable, pero no firma un dictamen, no responde frente a un organismo de control y no asume la responsabilidad profesional por una recomendación.
Por eso el debate no debería centrarse en Profesionales versus Inteligencia artificial: esa discusión nos hace perder de vista la verdadera transformación que tenemos delante.
La tecnología puede permitirnos dedicar menos tiempo a tareas operativas y más tiempo al análisis, la estrategia y el asesoramiento.
El cliente del futuro —y cada vez más, el del presente— probablemente llegue a nuestro Estudio con mucha más información que antes, incluso con una respuesta completa generada por IA entonces nuestro desafío será demostrarle que tener información no es lo mismo que tener criterio, y que tener una respuesta no es lo mismo que tomar una buena decisión.
La Inteligencia Artificial seguirá evolucionando y en pocos años usaremos herramientas que hoy ni siquiera imaginamos, pero hay algo que seguirá siendo nuestro: la capacidad de comprender que detrás de cada número, cada impuesto y cada decisión existe una historia que ningún algoritmo conoce mejor que el Profesional que acompaña a su cliente.
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Karina Vanesa Kossoy
Contadora Pública FCE UBA
Asesora y docente universitaria
Se desempeña en el asesoramiento tributario y estratégico de Pymes, comercios y emprendedores.
Capacitadora en distintos Consejos Profesionales de Ciencias Económicas del país e instituciones académicas.
Creadora de Tax Planning 4.0, una propuesta de capacitación orientada a integrar planificación fiscal, inteligencia artificial, ética y criterio profesional en el ejercicio de las Ciencias Económicas.