JULIO 2026 | #15
Elaboración Joaquín Waldman
Asesoramiento Ricardo Martínez, Pablo Mira, Damián Pierri, Juan Manuel Rodriguez Repeti
Colaboración Hermes Fernández, Martina Folgado, Segundo Lescano, María Pía Nicocia y Miguel Romero
En el primer trimestre del año, el PBI creció 0,7% sin estacionalidad, hilando su séptima suba consecutiva. Respecto al peor momento de la crisis, que fue el segundo trimestre de 2024, la mejoría acumulada es de 8,9%. Así, el producto en precios constantes llegó a un récord, aunque continúa 8,9% debajo del máximo de 2011 al medirlo por habitante (ver Gráfico 1).
Las importaciones cayeron un 2,5% y, en términos absolutos, esa reducción fue mayor al aumento del PBI. Por eso, aunque la producción doméstica creció, la demanda global —que comprende el consumo, la inversión y las exportaciones- se contrajo un 0,6%. El más dinámico de sus componentes fue el consumo privado, que subió 0,8% trimestral, mejorando 15,6% desde su valle (ver Gráfico 2). Esta suba fue contrarrestada por el consumo público, la inversión y las exportaciones, que cayeron 2,4%, 1,7% y 3,1%, respectivamente. Mientras que las exportaciones interrumpieron una buena racha previa, la inversión y el consumo público profundizaron sus tendencias negativas.
La composición actual del PBI difiere de sus valores históricos, siendo el más notorio de estos cambios el incremento del peso del consumo privado. Este pasó de representar un 56% de la demanda agregada en el promedio de 2004-2024 a un 60% en la actualidad (ver Gráfico 3). Midiéndolo como proporción del PBI, pasó de 65% a 69%. La contracara del incremento en las compras de las familias no es una caída del consumo público, que se mantiene cerca de su
media, sino una reducción de la inversión, cuya participación en la demanda agregada cayó de 15% a 13%, y en el PBI de 17% a 15%. Aquí sí impacta la reducción de la obra pública. Por último, las exportaciones también son menores a sus valores promedio, pero esto se debe a cómo se valúan y no a una reducción en los volúmenes exportados (la apreciación reduce su participación en el PBI corriente).
El crecimiento interanual de la actividad fue de 2,3%. Nuevamente, la caída de las importaciones (-7,5% i.a.) hizo que la variación del PBI supere a la de la demanda global, que cayó 0,1% i.a. En esta medición, destaca la suba de las exportaciones (+9,8% i.a.) y se repite el buen rendimiento del consumo de las familias (+2,7% i.a.). La formación bruta de capital, por su parte, fue 11,6% menor a la del primer trimestre de 2025 y el consumo público cayó 0,9% i.a.
La evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) completa el panorama de la producción, mostrando un desempeño errático en lo que va del 2026. Su crecimiento en el primer trimestre (+0,7% desestacionalizado) coincide con las cuentas nacionales, pero comprende una brusca caída en febrero (-2,7%) seguida de una importante recuperación en marzo (+3,1%). El dato de abril muestra una nueva caída (-1,5%), ubicándose debajo del cierre del año pasado. El nivel de la economía en diciembre de 2025 era mayor al promedio anual, dejando un arrastre estadístico de 2,3% (crecimiento contable esperado si la economía permaneciera invariante durante 2026; ver Gráfico 4). Sin embargo, si la actividad se mantuviera el resto del año en los niveles de abril, el crecimiento promedio sería de apenas 1,4%. De cualquier manera, el Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA espera un crecimiento de 3,0% y el FMI proyecta 3,5%, indicando que los analistas esperan que se recupere el dinamismo en los próximos meses.
El crecimiento sigue concentrado sectorial y geográficamente
La recuperación de la actividad económica lleva casi dos años en curso. Desde entonces, es notorio que el proceso es heterogéneo, con algunos rubros creciendo a ritmos muy acelerados y otros sectores que no recuperan, como ya señalábamos en el Informe macroeconómico N° 3 y el Informe macroeconómico N° 11.
Este patrón se mantiene hasta la actualidad. Como ilustra el Gráfico 5, el sector minero no interrumpió su crecimiento durante el último ciclo de la actividad general, evadiendo la recesión que el resto de los sectores sufrió entre la segunda mitad de 2022 y la primera parte de 2024. Actualmente, produce 41% más que en el promedio de 2022. El sector de intermediación financiera es otro de los rubros más dinámicos de esta etapa. Aunque sí tuvo una caída, la revirtió en los últimos dos años y hoy tiene un nivel de actividad 19% por encima del promedio de 2022. El agro, cuya crisis fue más marcada que la del resto de sectores por la sequía de 2023, también se recuperó por completo y ya produce 17% más que en 2022. Estos tres sectores representaron en 2025 un 16% del Valor Agregado Bruto de la economía -VAB- y apenas 9% del empleo privado registrado.
Por el contrario, la industria, la construcción y el comercio, que conjuntamente son el 38% del VAB y el 44% del empleo registrado privado, son los rubros más afectados. En el último año, mientras el agro, la minería y la intermediación financiera crecieron entre 4% y 17% i.a., la industria, el comercio y la construcción volvieron a caer entre 2 y 3%. Así, los tres siguen entre 4% y 13% por debajo de sus niveles del 2022.
Esta asimetría tiene dos consecuencias principales. En primer lugar, las actividades más pujantes tienen poco peso en el empleo y ni siquiera están aumentando sus contrataciones (las últimas variaciones interanuales de asalariados en Explotación de minas y canteras e Intermediación financiera mostraron caídas de 6% y 4%, mientras que los empleados por el agro crecieron apenas 1%). Esto hace que el empleo total se encuentre en descenso, habiendo 328 mil asalariados totales menos en relación a agosto de 2023, cuando este número comenzó a reducirse (-3%). 77% de esta caída se corresponde con pérdidas de empleo en el sector privado, que se redujo 4%. [1]
El segundo efecto de esta recuperación asimétrica es que las actividades más pujantes tienen una distribución regional particular. Sobre todo, la minería y el agro están fuertemente concentradas geográficamente, lejos de los centros urbanos de mayor población. Esto hace que en muchas regiones la actividad todavía no haya recuperado sus niveles previos a la crisis.
Para estimar esto, utilizamos los datos de distribución de empleo privado por provincia y rubro como ponderadores para asignar la evolución de los rubros del EMAE (a cuya evolución le quitamos la estacionalidad, como en el Gráfico 5). Este ejercicio es el mismo que se realizó en el Informe macroeconómico N° 3, con datos hasta mayo de 2025. En aquel momento, sólo 8 de las 24 provincias tenían una actividad por encima de la de junio de 2022 (el máximo valor mensual nacional previo a la crisis). Casi un año después, y habiendo superado aquel pico previo en el EMAE general, son apenas 12 las provincias en que la actividad es mayor a la de junio de 2022, mientras que otras 12 todavía no se recuperaron, siendo el conurbano bonaerense el área más afectada (ver Gráfico 7).[2] En el primer conjunto de provincias reside el 29% de la población, mientras que el 71% restante vive en regiones que siguen sin recuperarse del todo. Estas estimaciones podrían ser incluso peores si incluyéramos el sector público, cuyo consumo e inversión retrocede y que emplea cada vez menos personas.
La evolución sostenidamente dispar de los sectores sugiere una reconfiguración de nuestra economía con un mayor peso de las actividades extractivas y una menor participación industrial. Este patrón podría ser duradero, consolidándose como un cambio estructural. Por el momento, esta dinámica no es problemática para el frente externo. Por el contrario, el BCRA compró más de USD 11.000 millones de reservas en lo que va del año, incluso con el mencionado crecimiento de la actividad, y logró mantener USD 7.000 millones de divisas brutas adicionales tras el pago de vencimientos de deuda. Sin embargo, la pata floja de la nueva composición productiva sigue siendo la laboral. Mientras el crecimiento siga tan concentrado en pocos sectores, será difícil que se perciba un repunte de los ingresos laborales en todo el país.
[1] Para más detalles sobre la situación del empleo y los ingresos, consultar informes del EDIL.
[2] Analizamos un total de 25 entidades subnacionales cuando en realidad existen 24 jurisdicciones. Esto se debe a que estamos separando los partidos del conurbano bonaerense del resto de la Provincia de Buenos Aires, tanto por su diversidad como también porque es la única con dicha disponibilidad de datos en las bases del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial. De cualquier manera, ambas divisiones de la PBA tienen niveles de actividad menores los de junio-2022.