Enero 2026
El Sector Público Nacional (SPN) logró acumular un superávit primario equivalente a 1,4% del PIB, sosteniendo buena parte de la consolidación fiscal del 2024. Sumando el pago de intereses, se registró un superávit fiscal de 0,2% del PIB (Figura 1)[1]. La reciente publicación de los datos fiscales de diciembre, permiten cerrar el año 2025 y hacer algunas evaluaciones y observaciones de mediano y largo plazo. En particular, en diciembre el SPN registró un déficit primario por primera vez en el año, cercano a AR$2.9 billones, equivalente a 0,3% del PIB, siguiendo la tradicional estacionalidad del gasto en el último mes del año. El superávit primario acumulado en 2025, equivalente a 1,4% del PIB, permitió al gobierno preservar en gran medida el esfuerzo fiscal realizado en su primer año de gestión. Este proceso de consolidación fiscal rompe con un proceso de casi 14 años (desde 2009) de recurrentes desbalances primarios, y vuelve a balances primarios similares a los de los años 90s (Figura 1).
Ingresos y gastos cayeron levemente en 2025, contribuyendo así a volver a registros no vistos desde 2006/2007 (Figura 2). Luego de la particular dinámica de ajuste fiscal en 2024, en 2025 también se contrajeron, aunque en mucha menor medida, tanto ingresos como gastos, y terminaron de revertir casi la totalidad de la inédita expansión registrada durante la década 2005-2015. A continuación, se analizarán algunos de los detalles de este proceso. Además de resaltar la peculiaridad de la dinámica del gasto público de todos estos años -que se hará a continuación-, vale la pena destacar la gradual pero sostenida retracción de los recursos públicos, que cayeron cerca de 4 puntos porcentuales (p.p.) del PIB en una década (2015-2025). Algunas reflexiones adicionales sobre este proceso se analizarán en la sección de Recaudación al final de este Reporte. Sin embargo, vale destacar que el grueso de esta caída en el financiamiento del SPN no provino de una reducción de impuestos “heterodoxos” o de emergencia, sino que principalmente se explicó por menor recaudación en tributos de la seguridad social y del impuesto a las Ganancias. En ambos casos por una combinación de reducción de la base imponible y las alícuotas como resultado de cambios normativos y de la propia ralentización de la economía (formal).
En 2025, el gasto primario del Sector Público Nacional (SPN) se ubicó en torno al 14,5% del PIB, reduciendo el tamaño del Estado nacional a niveles comparables a los de 2007 (Figura 3). Desde una perspectiva de largo plazo, la trayectoria del gasto público muestra una dinámica particularmente singular. Como se ha señalado reiteradamente en los sucesivos Reportes Fiscales de AFISPOP, la inédita expansión fiscal iniciada en 2006–2007 llevó al gasto primario a máximos históricos en el transcurso de apenas una década, impulsada fundamentalmente por el crecimiento de los gastos corrientes y, en particular, de los gastos de carácter “prestacional” y salarial.
Este punto no es menor, dado que este tipo de erogaciones suele presentar una mayor rigidez relativa, lo que limita significativamente su capacidad de ajuste frente a episodios de restricción fiscal. En consecuencia, y tal como ilustra la Figura 3, los distintos intentos de contención o reducción del gasto público en la última década —primero entre 2017–2019 y luego, con mayor intensidad, en 2024–2025— han recaído principalmente sobre aquellas partidas de menor peso relativo y mayor flexibilidad presupuestaria. Como resultado, la participación de las partidas “más rígidas” en el total del gasto primario se incrementó de manera sostenida, pasando de un promedio cercano al 40% en el período 2006–2016 a casi 70% en 2025.
Cabe señalar, asimismo, que la evolución fiscal de los últimos años no responde a un proceso lineal de convergencia hacia la sostenibilidad, sino que estuvo marcada por avances y retrocesos significativos. Aun así, al analizar comparativamente las últimas dos décadas, resulta claro identificar los principales impulsores de la expansión y los componentes que explicaron su posterior reversión (Figura 4). Mientras que el gasto en Prestaciones Sociales —entendido como una agregación amplia del gasto social y previsional— solo revirtió aproximadamente un tercio de la expansión observada en la década previa, el resto de las partidas (subsidios económicos, salarios, gasto de capital, transferencias a provincias y universidades, entre otras) se contrajo en una magnitud equivalente o incluso superior a su expansión anterior. Este patrón vuelve a poner de relieve cómo la composición del crecimiento del gasto público genera condicionantes de mediano y largo plazo que terminan reconfigurando de manera significativa el resto del presupuesto, particularmente en contextos de ajustes fiscales inevitables.
Año 2025: la pérdida de recursos tributarios y la parcial recuperación del gasto previsional derivaron en una leve reducción del superávit primario, que pasó de 1,8% del PIB en 2024 a 1,4% del PIB en 2025 (Figura 5). Tal como se anticipó a lo largo del año en los Reportes Fiscales de AFISPOP, la propia dinámica de las reformas fiscales preanunciadas durante 2024 hacía prever un mayor esfuerzo fiscal si el objetivo era sostener el nivel de ahorro público alcanzado ese año. En particular, la eliminación del impuesto PAIS implicó una pérdida de recursos tributarios equivalente a 1,1% del PIB. A ello se sumaron las sucesivas reducciones de alícuotas en los Derechos de Exportación y otros factores (ver Sección Recaudación), que generaron una caída adicional de 0,3% del PIB en la recaudación de otros impuestos. Por el lado del gasto, la modificación de la fórmula de movilidad jubilatoria introducida en 2024 ya había predeterminado un sendero de mayor gasto previsional en un contexto de estabilidad o desaceleración inflacionaria como el observado, lo que se tradujo en un aumento del gasto en seguridad social equivalente a 0,4% del PIB en 2025, contribuyendo a la reducción del superávit.
Estos efectos fueron parcialmente compensados por mejoras en otros componentes de ingresos y gastos. En primer lugar, la recuperación de la masa salarial real —especialmente durante la primera parte del año— impulsó los recursos de la seguridad social, con un aumento estimado de 0,5% del PIB. En segundo lugar, por el lado del gasto, el gobierno logró una reducción significativa de los subsidios a la energía y al transporte, del orden de 0,5% del PIB, apoyada en una combinación de cambios en la base de beneficiarios, mayores tarifas pagadas por los usuarios y una disminución de los costos de generación e importación. Finalmente, la continuidad de los procesos de reforma en programas sociales de menor magnitud y la estrategia de reducción de personal en el SPN generaron ahorros fiscales adicionales cercanos a 0,2% del PIB en cada caso.
El gasto público primario se contrajo 27% en términos reales en 2024 y registró una caída adicional de 1% en 2025. Asimismo, los cambios de tendencia observados en los distintos grupos de partidas a partir de diciembre de 2023, con el inicio de la actual administración, se consolidaron a lo largo del período (Figura 6). Para analizar estas dinámicas de manera comparable, resulta útil observar la evolución real del gasto en cada subgrupo de partidas, normalizando las series en noviembre de 2023 (Índice = 100), lo que permite contrastar trayectorias independientemente del tamaño relativo de cada componente.
Bajo esta óptica, los resultados son elocuentes. En primer lugar, se observa una contracción real generalizada en prácticamente todas las partidas, con la excepción de los programas de transferencia de ingresos a los hogares más pobres (AUH y Prestación Alimentar), cuyo valor real prácticamente se duplicó en el transcurso de dos años. En contraste, el resto del gasto primario —que en conjunto se redujo 29% en términos reales en el mismo período— exhibe dinámicas marcadamente heterogéneas. Mientras que el gasto en jubilaciones se ubica apenas 6% por debajo de su nivel real de hace dos años, como resultado de la rápida desaceleración inflacionaria y su impacto sobre la fórmula de movilidad, en el extremo opuesto se encuentran el gasto de capital y las transferencias a provincias, que registran caídas del 70% y 80%, respectivamente. En una magnitud intermedia, los subsidios económicos, los gastos operativos y las universidades nacionales cerraron 2025 con reducciones reales del 40%, 24% y 23%, respectivamente. Cabe destacar que estos valores corresponden a promedios móviles de los últimos seis meses, con el objetivo de mitigar efectos estacionales.
La recaudación tributaria nacional cayó 8,7% (a/a) en términos reales en noviembre 2025, fuertemente impactado por la alta base de comparación de 2024. Excluyendo esos factores (Bienes Personales, Moratoria y regularización de activos), la recaudación habría caído solo 1% (a/a real) (Figura 6 y 7).
El menor dinamismo de la recaudación de noviembre se explica por una serie de factores. En primer lugar, la menor cantidad de días hábiles comparado con el mismo mes del año pasado. Adicionalmente, en impuestos como el IVA existe un rezago entre el hecho económico y su recaudación efectiva, lo cual también puede resaltar la inestabilidad electoral del pasado octubre. Pero sin duda, el principal factor que explica la caída de la recaudación radica en la alta base de comparación de 2024, producto del programa de regularización de activos, la moratoria y el régimen de adelanto de pago de Bienes Personales.
RECAUDACIÓN TRIBUTARIA NACIONAL DE DICIEMBRE 2025
La recaudación tributaria nacional bajó levemente en 2025 y cerró con una presión estimada en 21.9% del PIB. Sumando los impuestos provinciales, la presión tributaria total habría cerrado en 26.9% del PIB, el registro más bajo desde 2007 (Figura 7). La recaudación nacional bajó 0,6% del PIB en 2025. Esto se explica principalmente por la eliminación del impuesto PAIS y la reducción en BBPP y Derechos de Exportación, que se vio parcialmente compensada por una mayor recaudación en otros impuestos, esencialmente los ligados a la seguridad social. El vencimiento del impuesto PAIS que produjo una pérdida de recursos tributarios equivalente a 1,1% del PIB, sumado a la caída de 0,2% del PIB en la recaudación de Derechos de Exportación y de 0,2% del PIB en Bienes Personales, ambos derivados de cambios en la normativa a lo largo del año o en 2024. Sin embargo, la propia recuperación económica y salarial, especialmente a inicios de 2025, generó una recuperación en la recaudación de tributos de la seguridad social, por el equivalente a 0,6% del PIB. Asimismo, la gradual actualización del impuesto a los combustibles también generó marginalmente una mayor recaudación, contribuyendo a amortiguar la baja impositiva antes comentada. En el agregado, el mix de políticas y resultados económicos, generó una caída en la recaudación nacional de “solo” 0,6% del PIB.
Dado el cierre del año, es posible realizar también una evaluación de mediano y largo plazo. En este sentido, se observa que, más allá de cierta volatilidad interanual, la tendencia descendente de la recaudación tributaria nacional registrada en los últimos años llevó a que el nivel observado en 2025 sea el más bajo desde, al menos, 2006. Esto implica una retracción significativa respecto de los máximos alcanzados en 2015, cuando la presión tributaria nacional llegó a un pico de 25,8% del PIB. En términos acumulados, durante la última década la recaudación nacional se redujo en casi 4 puntos porcentuales del PIB.
Sin embargo, como se ha señalado reiteradamente en estos Reportes Fiscales, la evolución de la movilización de recursos tributarios en Argentina distó de ser el resultado de una reforma tributaria integral, coherente y planificada. Por el contrario, el fuerte incremento de la recaudación observado durante los años 2000 estuvo impulsado fundamentalmente por la proliferación de impuestos no convencionales —frecuentemente caracterizados como “heterodoxos” o de “emergencia”—, los cuales suelen presentar efectos particularmente adversos sobre el crecimiento económico, las exportaciones y, en algunos casos, la equidad distributiva. Esta dinámica convirtió a Argentina en un caso atípico en la práctica internacional: la recaudación proveniente de este tipo de tributos, poco utilizados a nivel global, llegó a representar cerca del 9% del PIB y algo menos del 30% de la recaudación total.
Las Figuras 8 y 9 ilustran esta evolución de mediano y largo plazo, distinguiendo entre el grupo de impuestos “heterodoxos” (Figura 8) y los denominados impuestos “tradicionales” (Figura 9). Más allá de la trayectoria histórica, los datos muestran que en 2025 se logró una reducción marginal del primer grupo, principalmente como resultado de la derogación del impuesto PAIS, mientras que la recaudación proveniente de los tributos tradicionales se mantuvo virtualmente constante. En un contexto de marcada estrechez fiscal, una reducción sustantiva de la carga tributaria total parece poco factible en el corto plazo. No obstante, un rebalanceo en su composición —expandiendo los tributos más eficientes y menos distorsivos, y reduciendo aquellos más nocivos— constituye un eje central de la agenda de reformas pendiente.
En particular durante el mes de diciembre, la recaudación nacional mostró una caída anual de 3,4% (a/a; real), explicado principalmente por la merma en Derechos de Exportación e IVA, solo parcialmente compensado por mayor recaudación en Ganancias (Figura 10). Los Derechos de Exportación, que han sido hace varios años un instrumento de manejo de política económica de corto plazo, ha experimentado un nuevo cambio normativo en diciembre. De acuerdo con el Decreto 877/2025, a partir del 12 de diciembre 2025, se redujeron las alícuotas de los principales cultivos.[2]Así, los Derechos de exportación cayeron 58% (a/a real) en diciembre, explicando el 77% de la caída total de recursos. Por su parte, el IVA cayó 7,6% (a/a real) en diciembre 2025, afectado principalmente por “El ingreso en diciembre 2024 de recaudación proveniente de la moratoria (Ley 27.743); Mayor acogimiento de deuda corriente a planes de pago, en relación al año anterior; Mayores devoluciones por el Régimen de Comercialización de Granos en comparación con el año anterior”, según el informe de recaudación de ARCA. Naturalmente, la eliminación del impuesto PAIS volvió a jugar como un factor negativo en la comparación anual. Asimismo, aunque en menor medida, los tributos de la seguridad social cayeron 1,5% (a/a real) por segundo mes consecutivo, reflejando cierta debilidad en la dinámica de la masa salarial real y la leve aceleración de la tasa de inflación en los últimos meses.
Por el contrario, el impuesto a las Ganancias aumentó 9% (a/a real) y compensó, aunque solo parcialmente, estas caídas. Esto se explicó por “mayores ingresos de anticipos de Ganancias Sociedades en relación al año anterior, debido a la modificación en el Régimen de Anticipos implementada por RG 5.685/2025. El séptimo anticipo del cierre diciembre se calculó con la alícuota del 11,11% en tanto el año pasado se aplicó la de 8,33%” según ARCA.
[1] El pago de intereses no incluye los intereses implícitos en buena parte de los títulos del tesoro emitidos en los últimos años que son capitalizables y por ende incrementan la deuda y su amortización “debajo de la línea”. Estimaciones privadas indican que este concepto sumaría cerca de 2% del PIB en pago de “intereses”.
[2] Porotos de soja de 26% a 24%; aceite y pellets de soja de 24,5% a 22,5%; trigo y cebada de 9,5% a 7,5%; maíz y sorgo de 9,5% a 8,5%; girasol de 5,5% a 4,5%.
📌Seminario | “Julio Irazusta sobre el imperialismo británico, Rosas, Perón y el rumbo de la historia argentina desde 1934”
📅 Lunes 2 de marzo | 13 a 15 h
🎙️ Expositor: #DonaldPeck
🗣️ Modera: @MarceloRougier
📍 Aula 433 (Edificio Anexo, 3er piso)
@UBAeconomicas @iiep_oficial
Gran trabajo de JW, sobre un tema bien relevante y aplicado. @Macro_IIEP @iiep_oficial