Informe Macroeconómico n°10
El panorama macrofinanciero de 2026 empezó de forma auspiciosa para el gobierno. A comienzos de enero, el Tesoro realizó el pago de US$ 4.200 millones en capital e intereses de los bonos de la reestructuración de 2020. Esta cifra representa la mitad de los vencimientos anuales de títulos en moneda extranjera, y cerca de un cuarto del total de pagos programados en dólares (incluyendo préstamos con organismos internacionales y otras deudas).
En simultáneo, el BCRA comenzó el proceso de compra de reservas que había anunciado a fin del año pasado, sin que eso impulse la cotización del dólar oficial.[1] En lo que va del mes, ya compró más de US$ 1.000 millones, aprovechando la estacionalidad favorable (por la alta demanda de pesos), la liquidación de la buena campaña de trigo y la emisión de Obligaciones Negociables (deuda corporativa que se liquida parcialmente en el mercado oficial). El monto de compras pretendido por el BCRA para todo el año es de US$ 10.000 millones, por lo que enero sería un buen comienzo.
Además de incrementarse mediante compras directas del BCRA, las reservas también crecieron por la realización de un REPO con bancos internacionales por US$ 3.000 millones[2] y por la revaluación del oro. Aunque el incremento de reservas se gastó en buena medida en el pago de los bonos mencionado previamente, las reservas internacionales netas repuntaron casi US$ 500 millones desde el 31 de diciembre (ver Gráfico 1; no se contempla como pasivo de corto plazo al REPO, que podría incluirse en la revisión del FMI). Esto las mantiene todavía lejos de la meta pactada para marzo, pero implica un cambio de dirección luego de caer sistemáticamente todo el año pasado.
La acumulación de reservas internacionales es uno de los puntos más endebles del programa macroeconómico en curso. A pesar de tener un nivel de deuda similar al de economías semejantes, Argentina se ubica como uno de los países de ingresos medios con menos reservas del mundo (ver Informe de coyuntura macroeconómica N° 7). Modificar este aspecto no sólo era una crítica que señalaban analistas, sino que también era una de las principales exigencias del FMI. De hecho, en la revisión que se realizará en los próximos días, el organismo debe decidir si otorga un Waiver -exención- por el incumplimiento, justamente, del objetivo de reservas.
La evolución de activos del Banco Central también era monitoreada por los inversores, a quienes la falta de reservas preocupa en tanto señaliza potenciales dificultades para el pago de la deuda. Por eso, las compras realizadas en las últimas semanas tuvieron un efecto favorable en la cotización de los bonos soberanos, y el riesgo país bajó de los 500 puntos (ver Gráfico 2). Este valor es el mínimo de la era Milei, y para encontrar otros similares hay que remontarse al primer semestre de 2018.